¿Por qué salimos a la calle?

“¿Por qué salimos a la calle?” pretende ser una declaración de intenciones -que desde LaGroc queremos compartir con las personas que nos leéis- sobre por qué aún es necesario salir a las calles el 8 de marzo y conmemorar el Día Internacional de las Mujeres.

La pregunta del título del articulo quiere dar visibilidad a dos aspectos. En primer lugar, a que necesitamos seguir tomando las calles y el espacio público, que durante tanto tiempo se nos ha forzado a no ocupar. En segundo lugar, también queremos poner el énfasis, en que no todas podemos salir a la calle: salimos también por aquellas que no pueden estar, que no se les permite estar y también, por aquellas que ya no están.

La principal respuesta a la pregunta que nos hacemos y que nos motiva a escribir este artículo es que aún estamos lejos de alcanzar la igualdad de género en nuestra sociedad. Sin embargo, queremos desmenuzar esta respuesta y apuntar distintos motivos -sin pretender ser exhaustivas- que hacen imprescindible que continuemos saliendo a la calle y reivindicando derechos que todavía, desgraciadamente, no tenemos.

Desigualdades y discriminaciones

Las mujeres todavía sufrimos desigualdades por el hecho de ser mujeres en distintos ámbitos de nuestras vidas. Queremos aprovechar para mencionar que, aunque no profundicemos en este aspecto, hay que tener en cuenta que las mujeres no son un conjunto homogéneo de personas y que pueden estar atravesadas por múltiples ejes de desigualdad aparte del género, que también afectan a todos los aspectos que mencionaremos a continuación y que pueden conllevar que la situación de algunas mujeres sea aún más compleja y, a menuda, complicada.

Uno de los principales ámbitos donde aún hay desigualdades de género es en el mercado de trabajo, donde la lógica patriarcal consigue que, aunque las mujeres se han ido incorporando al mercado laboral masivamente y estén igual o más preparadas que los hombres, no tengan ni el salario ni los índices de ocupación de ellos[1].

Uno de los indicadores clave que plasma la desigualdad de género en el mercado laboral es la brecha salarial de género, que mide la diferencia entre los ingresos medios de las mujeres y los hombres[2] y que la podríamos definir como el porcentaje adicional que cobran los hombres respecto a las mujeres[3]. En Cataluña, los últimos datos presentados (del 2019), indican que la brecha salarial de género se encuentra alrededor del 20,6%[4]. La brecha salarial de género es un reflejo de las múltiples desventajas, discriminaciones y desigualdades existentes en el mercado laboral, entre las que destacan[5]:

  • La segregación laboral por razón de género. La concentración de mujeres en determinadas ocupaciones y niveles jerárquicos dentro de las empresas y entidades, lo que se conoce también como segregación vertical y segregación horizontal
  • La minusvaloración de las ocupaciones típicamente femeninas que, según las estadísticas, se asocian a salarios más bajos. Ilustrativo de este punto, es el caso de las personas trabajadoras del hogar, que se encuentran en el Régimen Especial de Empleados del Hojar, que establece una relación laboral que no tiene los mismos derechos ni las mismas condiciones que el resto de las personas trabajadoras. Por ejemplo, no tienen derecho a la prestación de paro[6], hecho que ha sido motivo de aviso por parte del Tribunal de Justicia de la UE. Esto sólo demuestra que el trabajo del servicio doméstico no recibe el mismo reconocimiento que el resto de relaciones laborales, a la vez que no se está dignificando un trabajo indispensable para la reproducción social.
  • La organización del tiempo de trabajo remunerado y no remunerado, bajo unos valores tradicionales de género. Las mujeres están sobrerrepresentadas entre las personas trabajadoras a tiempo parcial, tienen más interrupciones laborales, cogen más excedencias a tiempo completo por el cuidado de las criaturas que los hombres y están sobrerrepresentadas entre las personas trabajadoras con reducción de jornada laboral por motivos de cuidados. Así pues, en general, las mujeres realizan todo tipo de adaptaciones de la vida laboral para encajar los cuidados, mientras que los hombres se concentran en el trabajo remunerado y se implican a fondo en su carrera laboral. La corresponsabilidad todavía es un tema pendiente.
  • Persistencia de los estereotipos de género, a los cuales podríamos añadir los de edad y origen étnico, que influyen en las trayectorias laborales, como también en las decisiones de contratación y promoción.

Así pues, las mujeres, aparte de percibir una retribución menor, tenemos trayectorias laborales más precarias e inestables, y como consecuencia de ello, menos oportunidades de acceso a los recursos económicos (paro, prestaciones sociales…). La brecha salarial contribuye, en buena parte, a lo que se conoce como feminización de la pobreza[7].

Las desigualdades no quedan únicamente recluidas en el mercado de trabajo, sino que también tienen lugar en el ámbito familiar y en las relaciones íntimas, que se acentuaron con la crisis de la covid-19. En este sentido, las mujeres continuamos asumiendo una parte desproporcionada de las tareas no remuneradas (realizando así, lo que se conoce como “doble jornada”)[8], si queréis conocer más sobre el tema, el Observatorio de Quotidiana (Observatori iQ: Estadístiques sobre la vida de les dones i els homes.Quotidiana.coop) nos ofrece datos. Es necesario tener en cuenta que, estas desigualdades presentes en el ámbito familiar retroalimentan las del ámbito laboral, creando así un círculo vicioso.

Violencia machista

La violencia machista, entendida como un fenómeno social, consiste en distintas manifestaciones de relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres a consecuencia de diversos factores institucionales, sociales y culturales complejos e interconectados[9]. Esta violencia es una estrategia para mantener el poder patriarcal y una forma de impedir que las mujeres se muevan del lugar de desigualdad que tradicionalmente han ocupado[10].

Esta violencia, arma por excelencia del patriarcado[11], no solamente opera contra las mujeres, sino contra todas estas personas que rompen los rígidos esquemas del patriarcado, como serían las personas LGTBI[12].

La violencia machista es estructural, transversal y atravesada por desigualdades múltiples. Se concreta en abusos físicos, psicológicos, sexuales y económicos que son vividos por las mujeres en distintos ámbitos de sus vidas, como el de las relaciones afectivas y sexuales, familiares, laborales y sociocomunitarias. Esta violencia ha adoptado distintas formas y grados de complejidad[13]. Queremos hacer énfasis en algunas de estas formas:

  • La violencia sexual, entendida como cualquier comportamiento de naturaleza sexual llevada a cabo sin consentimiento de otra persona. Aún tiene lugar en nuestros hogares, calles y otros espacios, como pone de manifiesto, el último informe elaborado por el Hospital Clínic de Barcelona, que hace público que, durante el 2021, han sido atendidas en el Hospital 468 personas víctimas de violencia sexual (90% mujeres y 10% hombres; el 100% de los agresores fueron hombres). El 12% de las agresiones a mujeres las cometieron más de un agresor y el 31,4% fueron cometidas bajo la sumisión química de la víctima[14]. La violencia y las agresiones sexuales comportan riesgos para la salud, provocan nuevas enfermedades y problemas de salud mental a corto y largo plazo.
  • Otra faceta de la violencia sexual es lo que se conoce como acoso sexual y por razón de sexo (y también por diversidad y/o expresión de género, orientación sexual…), que puede tener lugar en el ámbito laboral, en los espacios educativos o en los espacios públicos. Así lo puso de manifiesto la campaña #MeToo iniciada el 2017.
  • Violencia obstétrica, como expuso un documental emitido este marzo en Sense Ficció de TV3 bajo el nombre de “Dona, vostè no té res”[15], es un tipo de violencia ejercida por los profesionales de la salud, sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres[16]. Estas conductas pueden incluir dos modalidades de violencia. Por un lado, formas de violencia física: prácticas médicas invasivas, o el suministro de medicación no justificada por el estado de salud de la mujer o cuando no se respetan los tiempos ni las posibilidades del parto biológico. Por otro lado, formas de violencias psicológica que incluye el trato deshumanizado, grosero, discriminatorio, humillante, se produzca cuando la mujer solicita asesoramiento o requiere atención, o durante el transcurso de una práctica obstétrica[17].
  • Violencia digital o ciber violencia, que ya representa un 4,1% de las agresiones machistas en Cataluña[18]. Podemos identificar la violencia digital como aquella que se comete y se expande a través de medios digitales como las redes sociales, correo electrónico o aplicaciones de mensajería móvil, y que causa daños en la dignidad, integridad y/o seguridad de las víctimas. Algunas formas de violencia digital son: monitoreo, acoso, extorsión, desprestigio, amenazas, suplantación y robo de la identidad, así como acoso sexual relacionado con la tecnología, entre otros[19].
  • Violencia vicaria, aspecto que tratamos en un artículo anterior y que podéis consultar aquí.
  • Feminicidio, que representa la forma más extrema de violencia. Es un conjunto de violencias dirigidas específicamente a la eliminación de las mujeres por su condición de mujeres y aquellas personas que tengan características identificadas como femeninas[20]. El feminicidio, expresa de forma dramática la desigualdad de relaciones entre lo femenino y lo masculino, y muestra una manifestación extrema de dominio, terror, vulnerabilidad social, de exterminio e incluso de impunidad[21]. En Cataluña, entre el 2010 y el 2020 se registraron 212 feminicidios y otros asesinatos de mujeres a manos de los hombres[22]. Es necesario tener en cuenta que, la existencia de feminicidios conlleva el mantenimiento de un clima de terror, en el que cualquier mujer, incluidas las mujeres trans, pueden ser asesinadas[23].

No nos queremos extender más, porque podríamos elaborar, entre todas, una lista muy larga de motivos por los cuales salimos a la calle. Hemos aprovechado, este espacio mensual para apuntar algunos de los motivos que a nosotras nos empujan a salir a la calle, también por aquellas que no pueden hacerlo.


[1] Varela, N., 2013. Feminismo para principiantes. Barcelona: Ediciones B.

[2] CCOO, 2021. Informe sobre la bretxa salarial. Disponible en: <https://web.ccoo.cat/revistes/ceres_altres/Informe%20Bretxa%20febrer%202021%20v4.pdf>

[3] Anghel, B., Conde-Ruiz, J.I., Marra, I., 2018. Brechas salariales de género en España. Hacienda Pública Española, 229, pp. 87-119.

[4] Empresa i Treball, 2022. La bretxa salarial de gènere a Catalunya baixa per cinquè any consecutiu i amb un descens d’1,5 punts se situa en el 20,6% l’any 2019. Nota de prensa. Disponible en: <https://govern.cat/salapremsa/notes-premsa/418568/bretxa-salarial-genere-catalunya-baixa-cinque-any-consecutiu-descens-d15-punts-se-situa-206-percent-lany-2019>.

[5] Observatori del Treball i Model Productiu, 2019. Evolució de la bretxa salarial de gènere a Catalunya. Barcelona: Generalitat de Catalunya.

[6] AMIC, ?. Guia de drets i deures del servei domèstic. Disponible a: <https://ajuntament.barcelona.cat/consell-municipal-immigracio/sites/default/files/documents/doc.gt_.llar_.20.pdf>.

[7] Baleztena, S., 2017. Tres cares de la feminització de la pobresa. Crític. Disponible a: <https://www.elcritic.cat/noticies/tres-cares-de-la-feminitzacio-de-la-pobresa-12356 >.

[8] González, M. J., 2022. La pobresa en les dones: el precari equilibri del treball i la conciliació. Barcelona: Taula d’entitats del Tercer Sector Social de Catalunya.

[9] Wolf, B., 2020. A dispositive approach: Unveiling structural and symbolic violence against women.  Comunicació: revista de recerca i d’anàlisi, 37(1), pp. 115-134.

[10] Fernández, C., 2004. Violencia contra las mujeres: una visión estructural. Intervención Psicosocial, 12(2), pp. 155-164.

[11] Varela, N., 2013. Feminismo para principiantes. Barcelona: Ediciones B

[12]Butler, J., 2018. Una crítica de la violencia de nuestro tiempo. En: Lastesis, 2020. Antología feminista. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial. Pp. 111-131!

[13] Pallarés, M., 2012. Violencia de género. Reflexiones sobre la relación de pareja y la violencia contra las mujeres. Sabadell: Marge Books

[14] Disponible en: https://www.clinicbarcelona.org/ca/noticies/el-clinic-ha-ates-468-agressions-sexuals-a-urgencies-durant-el-2021

[15] Disponible en: https://www.ccma.cat/tv3/alacarta/sense-ficcio/dona-voste-no-te-res/video/6146129/

[16] Soto-Toussaint, L. H., 2016. Violencia obstètrica. Revista Mexicana de Anestesiología, 39, pp. S55-S60

[17] Gherardi, N., 2016. Otras formes de violència contra las mujeres que reconocer, nombrar y visibilizar. Santiago: Naciones Unidas.  

[18] Pérez, V., 2021. Més violencia digital cap a les dones que violencia sexual. El Punt Avui. Disponible a: <https://www.elpuntavui.cat/societat/article/5-societat/2063005-mes-violencia-digital-cap-a-les-dones-que-violencia-sexual.html>  

[19] ONU Mujeres, 2020. Violencia contra mujeres y niñas en el espacio digital: Lo que es virtual también es real. Disponible: <https://mexico.unwomen.org/sites/default/files/Field%20Office%20Mexico/Documentos/Publicaciones/2020/Diciembre%202020/FactSheet%20Violencia%20digital.pdf >.

[20] Comissió Catalana d’Ajuda al Refugiat, 2016. Dones Invisibles: Les persecucions per motius de gènere i el dret d’asil. Barcelona: Comissió Catalana d’Ajuda al Refugiat.

[21] Sagot, M., 2007. Feminicidio. En: Beatriz, S., 2007. Diccionario de estudios de género y feminismos. Buenos Aires: Biblos.

[22] Feminicidi.cat, 2022. Informe Catalunya 2020. Disponible en: <https://www.feminicidi.cat/informe-feminicidis-catalunya-2020/>.

[23] Butler, J., 2018. Una crítica de la violencia de nuestro tiempo. En: Lastesis, 2020. Antología feminista. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial. Pp. 111-131.

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